El día 14 de septiembre de 2026 se ha publicado, en el diario El Mundo, un artículo de Alberto Priego (profesor RRII Universidad Pontificia Comillas, Área de DIP y RRII) en el cual el autor opina que no cabe duda de que Rusia se aprovechó de la debilidad que para Europa y España representa la frontera de Ceuta para generar tensión en la sociedad española, entre las fuerzas políticas y entre los socios europeos.

(Fonte: Diario del Derecho-Iustel)

SÍ, CEUTA ES UN ATAQUE HÍBRIDO

La guerra híbrida rusa no es una invención de Putin. Muchas de las herramientas, usadas por el Kremlin proceden de las “medidas activas” soviéticas: desinformación, propaganda, agentes de influencia, operaciones clandestinas y, sobre todo, la explotación de las divisiones existentes en las sociedades occidentales. Entre las acciones de la URSS encontramos la Operación INFEKTION, que trataba de presentar el sida como un arma biológica creada por EEUU o una conversación entre Thatcher y Reagan en la que se afirmaba haber manipulado un partido de fútbol para prolongar la guerra de las Malvinas.

La principal diferencia entre lo que hacía la URSS y lo que hoy hace Rusia es la existencia de Internet, las redes sociales, el ciberespacio y, sobre todo, la emergencia de una globalización que ha multiplicado la velocidad y el alcance de las acciones rusas. Gracias a la globalización, los ataques con drones ocurridos en Leipzig, el corte de cables submarinos entre Finlandia y Estonia, los ciberataques contra las terminales de facturación en Heathrow o en Charles de Gaulle han tenido un efecto mucho mayor que las acciones llevadas a cabo por la URSS.

Todas estas acciones pueden calificarse de ataques híbridos. Estas operaciones instrumentalizan situaciones previas de vulnerabilidad jugando con una ambigüedad que acaba provocando tensión entre las fuerzas políticas. La desinformación, la internacionalización y la saturación de los recursos son solo algunas de las técnicas que Rusia utiliza para lograr sus objetivos en una zona gris en la que el Kremlin se mueve como nadie.

Desde que Rusia invadiera Ucrania en 2014, Moscú ha ido incrementando el número de ataques híbridos a lo largo de Europa. Crimea fue el laboratorio donde se testaron las técnicas que posteriormente Rusia ha ido aplicando en lugares como Alemania, Finlandia, Rumanía, Francia o Reino Unido. Uno de los campos en los que Moscú se mueve con mayor habilidad es el de la emigración. Son muchos los lugares en los que el Kremlin ha usado la migración como arma para provocar tensiones en las sociedades europeas. Por citar solo algunos de ellos, podríamos hablar de la crisis provocada por Rusia en las fronteras entre Noruega, Finlandia y Rusia (2015-16), en la polaco-bielorrusa (2021), en la ruso-estonia (2023) o en Finlandia (2023). Además, desde la caída en desgracia de Prigozhin, el Wagner se ha transformado en el Africa Corp, un cuerpo de mercenarios rusos que controla los gobiernos, los recursos y las rutas de migración entre África y Europa.

Desde el año 2015 hemos asistido a crisis políticas en Alemania, Austria, Finlandia etc.. provocadas todas por flujos masivos de migrantes que presentan a los partidos gobernantes como incapaces e inoperantes al tiempo que alzan a partidos populistas y de extrema derecha afines a Moscú como la única opción viable. Este fue el caso de la salida de Dragui del poder y el ascenso de Cinco Estrellas en Italia. Un hecho precedido por una crisis migratoria con origen en Libia, un lugar que, curiosamente, se ha convertido en el centro de operaciones de Rusia en África.

Desde 2022, las acciones encubiertas de Rusia en España han aumentado exponencialmente. Por citar solo algunas, podemos destacar el asesinato del desertor Maxim Kuzminov en Villajoyosa, los ciberataques del grupo NoName057(16), el incendio de la nave de la empresa ucraniana Meest en Fuenlabrada, el hundimiento de Ursa Major en Cartagena o la presencia de la Unidad 29155 del GRU, que recluta a españoles para acciones hostiles en nuestro país. Este es el caso de Pablo González o Pável Rubtsov, quien tras ser canjeado por un agente de inteligencia español fue recibido en la escalerilla del avión por el propio Putin. También hay que destacar a Enrique Arias Gil, un profesor que desertó a Moscú cuando estaba a punto de ser detenido por trabajar para el GRU.

Todas estas acciones han provocado que, desde 2022, España haya expulsado a 25 diplomáticos rusos por realizar actividades de inteligencia en nuestro país.

Viendo que Rusia actúa en España desde hace al menos 10 años y que la emigración es uno de sus principales campos de acción, cabe plantearse como plausible que Rusia haya tenido una participación activa en la crisis de Ceuta.

No cabe duda de que Rusia se aprovechó de una debilidad de Europa y de España, la frontera de Ceuta, para generar tensión en la sociedad española, entre las fuerzas políticas y entre los socios europeos. Por un lado, la crisis de Ceuta provocó una saturación de los recursos disponibles en la ciudad, lo que ha acrecentado la sensación de vulnerabilidad de la población que allí reside. Hemos visto cómo la población ceutí protestaba contra la presencia de migrantes en espacios públicos tales como parques, playas o parques infantiles, etc.). Para ayudar a mantener esta sensación, un total de 411 cuentas vinculadas a Rusia en Telegram difundieron mensajes en los que se afirmaba que España estaba siendo invadida. En solo 10 horas se alcanzaron las 720.000 visualizaciones, incluidas las provenientes de Rybar, un canal vinculado a la inteligencia militar rusa.

Al mismo tiempo, la crisis de Ceuta ha polarizado aún más la política española, extremando las posturas de las fuerzas políticas. Cuando se produjo la entrada de los migrantes, el periódico ruso Pravda difundió imágenes de ministros del actual Gobierno celebrando “la crisis” en una fiesta nacional marroquí en la embajada alauita. Las imágenes, si bien no eran falsas, corresponden a otro año. Esta acción híbrida buscaba desinformar y presentar al Gobierno como cómplice de Marruecos, un argumento que, evidentemente, polariza.

En tercer lugar, Rusia está tratando de debilitar la imagen de España en Europa, al tiempo que intenta dividir a los propios europeos, ya que sabe que la cohesión de la UE sigue siendo clave para la supervivencia de Ucrania. Por un lado, España es uno de los más firmes apoyos de la incorporación de Ucrania a la UE; hemos entrenado a más de 9.000 soldados ucranianos desde el inicio de la guerra y somos firmes defensores de la creación del Tribunal Especial de Agresión contra Ucrania. Estas razones son suficientes para tratar de atacar a España en uno de nuestros puntos más vulnerables, Ceuta.

Por otro lado, Rusia es un maestro en usar la migración como arma de división entre los socios de la UE y Ceuta ha representado una oportunidad única. Además, Europa se enfrenta a un enorme reto migratorio que genera tensiones y hace que los partidos de centroderecha se alineen con la extrema derecha para evitar perder votos. Por ello, Rusia ha visto en Ceuta un elemento de división. Y, a tenor de las reacciones de Italia, Finlandia y Dinamarca, parece haberlo conseguido.

En el plano internacional no podemos dejar de mencionar la coincidencia de los mensajes lanzados por los líderes favorables a Rusia. Trump, Milei o Netanyahu no han dudado en repetir narrativas como la invasión, la incapacidad para gestionar las fronteras, la debilidad en la aplicación de las leyes o la presentación de España como un Estado débil. Todos estos mensajes son, sin duda, una victoria del Kremlin.

A modo de conclusión, podemos decir que lo ocurrido en Ceuta es, además de una crisis migratoria en la que 141 personas han perdido la vida, un ejemplo de ataque híbrido en el que las fuerzas que quieren derrocar el orden liberal internacional han puesto todo su empeño. La única opción que nos queda es mostrar firmeza y unidad, ya que la desunión no solo es una derrota sino también una rendición”.